Todos los poemas perecen hablar de ti.
Archivo mensual: mayo 2012
Carta N° Viernes
Querida S.L.
Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos. La luna recibe tantos suspiros y acongoja en su escondite los poemas tiernos que olvidaron todos aquellos que lamen su fulgor con la mirada. Aquí, te decía, los días van y el frío viene, no me molesta, lo sabes, hace un ruido tan insignificante que basta con no salir desnudo para no escucharle, aunque a muchos otros le sangren los oídos. Es como si un viento vegetal, azul y rojo, me devolviera las palabras que entregué. Ahora utilizo un verde “te quiero y no sé cómo” para escribirte. Sé que sobre tu escritorio ya no descansan los poemas que escribí en un arranque de cordura, acerca de tus manos y la ternura de tus mentiras, tan cerca de tus párpados como era posible.
Sospecho que aquellos poemas duermen en algún otro rincón y sueñan poco y mal. Pobres, no aprendieron a despertar de los sueños malos. Jamás les enseñamos. Es tan fácil, tú lo sabes, sólo basta respirar profundo y pensar en una de esas cosas que te hacen reír, una caricatura, si así lo quieres. Luego, conviene olvidarla, y mover los dedos al compás de alguna Polonaise de Chopin. Por último, cerrar los ojos, a veces uno sueña con los ojos abiertos y desiertos, después es probable que despiertes sin recordar lo soñado. Es muy efectivo, sobre todo si se practica a diario, jugando a cerrar cicatrices y matrices cuadradas.
Aquí, te decía, ya no se me da por escribir. He dejado una larga escalinata de poemas y tal vez dejé de recordar, al menos por hoy. Aquí, los días van y tu recuerdo viernes es tan fuerte que deja manchas jueves y martes por doquier, tan difíciles de olvidar como aquellas voces de jazz que invaginaron en tu cuerpo. No se cuántas caricias por centímetro cuadrado me brindaste ni se cuántas gotas de tinta derramé sobre el reflejo de tus ojos. A veces, olvido lo mucho que nos leíamos, de perfil, de frente, de espaldas, buscando un ángulo imperfecto en la oscuridad y olvidando al instante las palabras.
Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos, dos o tres. Ahora te escribo con un verde indeciso, es bueno, pero no aprendió a conjugar algunos verbos y los cuentos le salen al revés. Sufre y se queja demasiado y tal vez dejó de ser “te quiero”. Dejaste de leer los diarios y los truenos, y apenas si recuerdas aquellos poemas publicados hace mucho tiempo, mucho antes de conocerte. Aquí los días van y vienen algunos recuerdos. Aquí, justo alrededor las costuras del pecado, los días van y tú no vienes.
Libeasler.
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Te quiero un poco
Te quiero un poco, sin embelesos y demasiado, como quien escribe bajo un seudónimo y sobre la nómina de huesos.
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Fragmento de los sueños
Iluso fragmento el de los sueños,
iluso por los bordes sonoros del silencio,
y por dibujar sobre tus ojos
cantos de metal y llanto,
y aquellas lágrimas que escribo.
Pues lo sabes y no lo sueñas,
y lo consideras durante el orgasmo,
escribirte nunca para que me leas siempre,
dejar un poema bajo la sombra de un acanto,
sombra sin sol ni detalles personales.
Iluso efecto, intruso, aquel sentimiento
raro y bueno, amarte como nunca y siempre,
frases de lluvia y truenos elegantes,
para recitarlos solo cuando aprendas
a morir sin miedo y después de un luego.
http://libeasler.blogspot.com/2011/07/fragmento-de-los-suenos.html
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Se que no buscamos el cuchillo entre los dientes
Se que no buscamos el cuchillo entre los dientes,
hemos perdido de vista todo conjunto convexo,
a veces se liberan las ganas de odiar y vectores,
se que no buscamos al individuo entre cientos.
Se que no buscamos el cuchillo entre los dientes,
yace debajo de nuestra piel, herida instante previo,
a veces también olvidamos la costura del desdén,
se que no buscamos el cuchillo entre los cielos.
Hemos perdido de vista nuestros propios ojos,
ya no alcanza con el tañer óxido de la sonrisa
ni con el mirar despectivo de los ecos cortos.
A veces se liberan las ganas de odiar y odiamos,
se que no buscamos al individuo en el silencio,
y en silencio buscamos nuestros propios ojos.
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Sigo siento el mismo
Recuerda que sigo siento el mismo. Recuerda los versos a mitad de la coartada, cuando las ganas de escribir dejaban canas y muchas velas indecisas alrededor. Recuerda que al leerte, sueñan las palabras con un anochecer dudoso, y al dejar de hacerlo, suelen las palabras escribir hasta muy tarde sin plegarias verdaderas. Recuerda que todavía escribo versos sobre el papel viento más próximo e imagino los posibles desencuentros en el final de los tercetos. Recuerda que aunque haya dejado de escribirte sigo siento el mismo.
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La vena suicida del fracaso
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Poema malnacido
Tengo un poema malnacido, con tantas faltas ontológicas y adverbios insanos que dejé de escribir para leerte, para volverte. Aunque no te recuerde. Puedes leerlo, si prometes olvidar todo lo que te ame y sangre conos polares del recuerdo, ese conjunto vectores indecentes que manan por entre tu nostalgia.
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Prosas que desnudan al reloj
Ella pasa e inventa algún universo sin comas ni argumentos radianes. Ella sueña con deshacer las costuras del pecado e hilvanar con su mirada algún otro desencuentro, sueña despacio, casi en silencio. Acaricia el libro con sus ojos, y desentraña las últimas palabras, parece poco. Acontece de día y de soledad, calma el vaso con una pequeña oquedad, y escoge, una a una, las palabras que se niegan a nacer. Ella pasa e inventa algún universo ante mis ojos y destruye aquellas prosas que desnudan al reloj.
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Te olvido con recuerdos
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