Mes: octubre 2011

Te escribí un mañana

 

Te escribí un mañana,

léelo cuando te haga falta,

te escribí un ayer

para que lo recuerdes nunca.

 

Te escribo sin tiempos

ni adjetivos incorrectos,

frente a la niña que amenaza

con salir a bailar bajo de la lluvia.

 

Te quiero mañana,

bien lo sabes desde ayer,

te quiero ahora

y también luego.

 

Te escribo sin palabras,

historias para olvidarnos,

te escribí un mañana,

léelo cuando te haga falta.

 

Anuncios

Luego

Luego es ahora si es contigo,
luego es ayer y siempre,
luego no emerge del recuerdo
ni envenena el presente.

Luego es nunca y es tu sonrisa,
a veces  un sólo de jazz
u otra parte de nada y todo,
luego eres tú debajo de mi lengua.

Hoy te quiero, desde luego,
desde aquí, desde siempre,
hoy es luego, mañana es hoy.

Hoy no siento mis latidos,
hoy no tengo corazón,
mas luego veremos sentimiento.

¿En qué se padece el amor al dolor?

 

El amor suscribe un pacto de no agresión 
con nosotros aunque bien sabemos
que alguno de los dos lo romperá.

El dolor existe y le importa poco 
su esencia o su lugar de origen, 
incluso su nombre le es irrelevante.

El amor no te lee ni te destruye
sólo te susurra, a veces sólo 
y sin compañía y sin dedos caricias.

El dolor construye castillos de arena 
sobre tu espalda y sonríe
cuando tu dolor se convierte en palabra.

¿En qué se padece el amor al dolor?

El amor también escribe poemas,
cicatrices le llaman.

A veces voy a ningún lugar

A veces voy a ningún lugar,
sólo para quedarme contigo,
a veces te escribo siempre
para olvidarte algún día.

Y repto por versos tangos
y navego por tus venas
después de los recuerdos
después caricias eternas.

A veces escribo en madrugadas,
sólo para soñarte al alba,
a veces me oculto de la luna
para que no aparezca tu silueta.

A veces destruyo los recuerdos,
para nunca más olvidarte,
a veces elijo nuevas heridas,
para dejar de sangrar.

A veces te odio un poco,
sólo para amarte,
a veces te quiero en sueños,
para despertar contigo.

Frente al desdén

 

Quisiera dejar de sentir,
piedras en los ojos, lágrimas asesinas,
todo en sutil acupuntura del cuánto menos perdido estuve,
cantos de sirena y lunfardos,
aprendices ecos de la tierra y del orgasmo,

tu voz no siente, no murmura, no duele,
mata demasiado y poco a poco,

sentir en do menor y en la mayor
y déspota sonrisa de la muerte,
cuando tengo mieles y puntos a favor,
cuentos para ser olvidados, cuentos para nadie,

tu voz duele, a veces bajo los techos,
a veces debajo del pronombre insensato y pasional.

Quisiera un mejor y anacrónico fermento de pus,
por más que las heridas sean cicatrices,
el miedo no paga con bonos ni con cartas,
la cicatriz no forma parte de la herida,
es tan sólo una careta,

cuéntame otra vez entre duelos breves,
entre tu nunca y tu jamás,
dónde y cuánto menos,
más es adición adictiva del dolor,

pero otro yo todavía te recuerda,
bastante menos que ayer,
bastante para haber sido
tan sólo una carta origami de jueves,

doler del verbo contigo cruel destino
y cuál de todas las terminaciones desidiosas,

y antes nada, gracias miedo por el pecado,
gracias noches por las buenas y las malas,
gracias palabra por justificar su ausencia,

tu voz duele tanto, tanto y tuerto,
tanto que el dedo ya no sangra poemas
ni abreviaturas convexas al sufrimiento.

Cualquier dolor es jueves

 

Cualquier dolor es jueves,

pero no todo jueves es viernes,

no todo color duele y es perverso,

no todos los dioses se visten de rezos.

 

Cualquier ocaso es la noche misma,

pero no todas noches son contigo,

el amor muere en un haber sido,

en un jamás que acongoja y rima.

 

El jueves es tan sólo un fragmento

suicida de los viernes, es tan sólo

un recuerdo, otrora sentimiento.

 

Dame uno de tus viernes crueles,

acaricia cada uno de mis cuentos

y aquél poema que tanto dueles.

Suéñame sin versos

Suéñame sin versos, 
desprovisto de eventos subterráneos, 
invéntame por siempre en lugares nefastos, 
donde el paraíso sea tu sonrisa.

Déjame morir en uno de tus sueños, 
déjame quedarte en los míos,
muere conmigo, lejos de nosotros, 
que cada sueño sea un recuerdo agonizante.

Invéntame de nuevo, 
un par de versos menos triste, 
invéntame, esta vez a tu lado.

Suéñame sin versos,
duerme a mi costado, 
invéntame por siempre lugares en nefastos.

Fragmento suicida de los viernes

 

Fragmento suicida de los viernes,
evasión fiscal en pleno desarrollo cognitivo,
dónde es contigo, fiebre es el viernes,
fracaso colectivo ambiguo y silente.

Ocasión – cualquier agujero negro
es tu indiferencia – paralela al dedo siempre,
cualquier arruga acompasa pasos de algodón,
ocaso tormentoso sin duda, bueno y tuyo.

Acaricio tu ausencia como quien
arranca cicatrices de tu espalda llena de adioses,
llena de nada, flotante esperanza tenerte.

Ocaso – una vez más, juntos y desastre,
te quiero con este odio que ha muerto de amor-
o acaso te muero con menos ternura que tu nombre.

Escribo dentro de un poema

 

Escribo poemas que a su vez escriben versos

que a su vez escriben palabras que su vez

escriben letras que a su vez escriben poemas.

 

¿Qué haremos cuando los poemas nos destrocen

los silencios y todas las palabras se hayan suicidado?

 

Escribo dentro de un poema,

tal vez escrito por la muerte,

un día de lluvia y fiebre,

un día infeliz cualquiera.

 

¿Qué haremos cuando los poemas

desconozcan a las musas?

 

Escribo desde el hado incorrecto

del orgasmo,  donde la soledad

nos conoce demasiado.

Te quiero aquí

 

Te quiero aquí, en el lugar

que juntos elegimos para dolernos mañana,

donde suceden los poemas

y mueren los recuerdos.

 

Dibujo una cicatriz

sobre la herida que me dejarás mañana,

pues bien sabes que nuestras heridas

desconocen cicatrices.

 

El amor inventa cicatrices ficticias,

pero jamás cura heridas,

pues aquellas fueron alguna vez caricias.

 

Te quiero en todos los poemas,

en el verso que se prosa sobre el alma

te quiero hoy y tal vez mañana.