Frente al desdén

 

Quisiera dejar de sentir,
piedras en los ojos, lágrimas asesinas,
todo en sutil acupuntura del cuánto menos perdido estuve,
cantos de sirena y lunfardos,
aprendices ecos de la tierra y del orgasmo,

tu voz no siente, no murmura, no duele,
mata demasiado y poco a poco,

sentir en do menor y en la mayor
y déspota sonrisa de la muerte,
cuando tengo mieles y puntos a favor,
cuentos para ser olvidados, cuentos para nadie,

tu voz duele, a veces bajo los techos,
a veces debajo del pronombre insensato y pasional.

Quisiera un mejor y anacrónico fermento de pus,
por más que las heridas sean cicatrices,
el miedo no paga con bonos ni con cartas,
la cicatriz no forma parte de la herida,
es tan sólo una careta,

cuéntame otra vez entre duelos breves,
entre tu nunca y tu jamás,
dónde y cuánto menos,
más es adición adictiva del dolor,

pero otro yo todavía te recuerda,
bastante menos que ayer,
bastante para haber sido
tan sólo una carta origami de jueves,

doler del verbo contigo cruel destino
y cuál de todas las terminaciones desidiosas,

y antes nada, gracias miedo por el pecado,
gracias noches por las buenas y las malas,
gracias palabra por justificar su ausencia,

tu voz duele tanto, tanto y tuerto,
tanto que el dedo ya no sangra poemas
ni abreviaturas convexas al sufrimiento.

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One comment

  1. Esas voces de ayeres que aún retumban en tu cabeza y no logran la conquista del olvido hacen posible grandes creaciones, como este poema sentido. Gracias por leerme ciber amigo. Saludos desde Colombia

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