Carta N° Viernes

Querida S.L.

Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos. La luna recibe tantos suspiros y acongoja en su escondite los poemas tiernos que olvidaron todos aquellos que lamen su fulgor con la mirada. Aquí, te decía, los días van y el frío viene, no me molesta, lo sabes, hace un ruido tan insignificante que basta con no salir desnudo para no escucharle, aunque a muchos otros le sangren los oídos. Es como si un viento vegetal, azul y rojo, me devolviera las palabras que entregué. Ahora utilizo un verde “te quiero y no sé cómo” para escribirte. Sé que sobre tu escritorio ya no descansan los poemas que escribí en un arranque de cordura, acerca de tus manos y la ternura de tus mentiras, tan cerca de tus párpados como era posible.

Sospecho que aquellos poemas duermen en algún otro rincón y sueñan poco y mal. Pobres, no aprendieron a despertar de los sueños malos. Jamás les enseñamos. Es tan fácil, tú lo sabes, sólo basta respirar profundo y pensar en una de esas cosas que te hacen reír, una caricatura, si así lo quieres. Luego, conviene olvidarla, y mover los dedos al compás de alguna Polonaise de Chopin. Por último, cerrar los ojos, a veces uno sueña con los ojos abiertos y desiertos, después es probable que despiertes sin recordar lo soñado. Es muy efectivo, sobre todo si se practica a diario, jugando a cerrar cicatrices y matrices cuadradas.

Aquí, te decía, ya no se me da por escribir. He dejado una larga escalinata de poemas y tal vez dejé de recordar, al menos por hoy. Aquí, los días van y tu recuerdo viernes es tan fuerte que deja manchas jueves y martes por doquier, tan difíciles de olvidar como aquellas voces de jazz que invaginaron en tu cuerpo. No se cuántas caricias por centímetro cuadrado me brindaste ni se cuántas gotas de tinta derramé sobre el reflejo de tus ojos. A veces, olvido lo mucho que nos leíamos, de perfil, de frente, de espaldas, buscando un ángulo imperfecto en la oscuridad y olvidando al instante las palabras.

Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos, dos o tres. Ahora te escribo con un verde indeciso, es bueno, pero no aprendió a conjugar algunos verbos y los cuentos le salen al revés. Sufre y se queja demasiado y tal vez dejó de ser “te quiero”. Dejaste de leer los diarios y los truenos, y apenas si recuerdas aquellos poemas publicados hace mucho tiempo, mucho antes de conocerte. Aquí los días van y vienen algunos recuerdos. Aquí, justo alrededor las costuras del pecado, los días van y tú no vienes.

 Libeasler.

4 comments

  1. “Dejaste de leer los diarios y los truenos” “No se cuántas caricias por centímetro cuadrado me brindaste ni se cuántas gotas de tinta derramé sobre el reflejo de tus ojos” “Es como si un viento vegetal, azul y rojo, me devolviera las palabras que entregué”, etc… Hay retazos que brillan con luz propia en el conjunto del texto, todo ahonda y abunda en el sentimiento que reflejas.

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