Mes: octubre 2012

Palabras inciertas

Las palabras inciertas, el desalojo de la memoria y alguna otra que lleve las ganas de vivir en el bolsillo izquierdo del desdén, las caricias abrumadoras cuando el sol de la mañana ahuyenta los malos pensamientos y uno puede pecar alegremente, las palabras tristes que el invierno consuela con los ojos, el destino, la no soledad de escribir hasta muy tarde, el no soy cuando te amo y todas las palabras que sobran cuando no estás, inciertas, lejanas, arrepentidas, tantas y tantas comas y puntos depresivos, el color de la luna angustia y busca un lugar donde la memoria sea frágil, frágil, frágil, despierta de tus sueños batracios, duerme a mi costado, emplea el último fragmento a tu favor y olvídate, ni tu voz ni los gusanos te justifican, ni la taza de café a media mañana, ni el desborde frente al caos, me haces falta, me haces falta y no sé quién eres, no sé a quién le escribo, a quién desconozco por las noches y no sé quién es la que olvida mi semen, palabras inciertas desprovistas de todo amor verdadero, de todas las voces que invento, el algoritmo es cruel e interminable.

Ella y después ninguna

Ella, alguna otra, apenas una flor herida y tal vez hiriente, fría como las caricias. Ella y después ninguna. A veces, finge esconder sus lágrimas en las notas a pie de página y olvida su destiempo en el papel, desdibuja algún deseo y sueña en vez de amar, sueña con otro mar, tan lejana como las desdichas. Ella, alguna otra sobre el papel y después ninguna.

Confieso

Confieso que escribo pensando en cualquiera que sonría después un verso, confieso que a veces no tengo ganas de vivir, una voz recorre por igual la pasión y el desdén. Confieso que ya no recuerdo tu voz ni las veces que el invierno dejó de reír. Que te ame cruel y necesite una nostalgia cada día, que el orgasmo literal es otra partida de ajedrez, que tus manos fluyen y el río se desdice, tan frágil es, que los versos olvidan más pronto de lo que crees, en mitad de la noche, otra sirena acomoda sus cabellos y sonríe por primera vez.

Belleza oriental

Existe un abismo, existe una migaja de luz en tus párpados y tu otro yo no existe debajo de la noche, hoy por ejemplo. Existe un abismo y es contigo, existe una voz que me nombra y es recuerdo. Existe una hermosa mujer que besa mis labios sin saber mi nombre y mastica mis palabras en la oscuridad del silencio. Existe un abismo entre sus piernas y también, por qué no decirlo, esa belleza oriental que no sabría describir.

Del pronombre impersonal

Quiero un agujero espléndido para las virtudes teologales, en el cual los abismos no sean necesarios. Quiero un agujero distinto para el fuego. Otro agujero, no de silencio ni de acoso en la garganta, algunas palabras se olvidan pronto. Quiero un agujero finito y distante, donde el calor del pronombre impersonal escriba en voz baja.