Confieso

Confieso que escribo pensando en cualquiera que sonría después un verso, confieso que a veces no tengo ganas de vivir, una voz recorre por igual la pasión y el desdén. Confieso que ya no recuerdo tu voz ni las veces que el invierno dejó de reír. Que te ame cruel y necesite una nostalgia cada día, que el orgasmo literal es otra partida de ajedrez, que tus manos fluyen y el río se desdice, tan frágil es, que los versos olvidan más pronto de lo que crees, en mitad de la noche, otra sirena acomoda sus cabellos y sonríe por primera vez.

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