Mes: diciembre 2012

Hasta luego

Escribir: “ella se fue de mi vida en un abril y cerrar de otoños” y no saber qué pasó realmente, se fue un día y no sé muy bien qué parte del poema se llevó para siempre, sin embargo, sospecho que aún se le puede leer en el anverso. Tal vez sea necesario definir quién es ella, el lector tal vez pueda hacerse una idea al respecto: una chica de 18 a 23 años, delgada y dueña de unos ojos insensiblemente hermosos, el lector puede hacerse la idea, tal vez equivocada. Ella dejó una página al pie de otras notas (algoritmos para ser felices, cuentos para nadie). Algún lector querrá una transcripción exacta de las frases de aquella página:

Cuando leas esto, solo espero que las faltas ontológicas no sean las mismas que habitaron en mi lengua desde que nos conocimos, y quiero además, que leas esto como un hasta luego, quizás el último. Ambos escribimos algo sobre este día, creyendo que era la única forma de afrontarlo, inventándolo de un modo indiferente a nuestras pasiones, emociones o gotas de ruido que no somos. Me alegra saber que esto será quizás un poema menos, algún día lo leeré sin darme cuenta, esa manía que tienen los insensatos de ocultar una palabra en otra y decirla con los ojos cerrados.

Hasta luego, es un te quiero.

Escribir: “ella vive en el país del nunca amas” y no saber quién ha muerto, alguien lo sabrá algún día. Las palabras se ocultan, no es bueno que anden a lo loco molestando al invierno, hace falta mucho de los dos para saber qué fuimos, cuándo, tal vez un cono convexo al sentimiento, polar al desconsuelo, libre por suerte. No sé cuántas personas existan con el mismo nombre, cuántas insisten en morir al costado de una verdad, no sé qué parte del poema se llevó para siempre. Escribir, finalmente: “te olvido, entre tanto, de repente y hasta luego” y no saber realmente cuándo.

A veces se me da por dibujarte

A veces dibujo alguna cicatriz sobre tu espalda, una flor amarilla sobre tus labios, un abismo en mis palabras, dibujo también, nadie me lo cree, un número cualquiera sobre tus piernas, jamás será nuestro, jamás vencido, es triste y conviene no despertarle. Dibujo todo esto porque no me alcanza con leer un poema, con dejar de pronunciar tu nombre, no alcanza con tomar un lápiz y cerciorarme que algunas vocales no llevan tilde, no me basta con dejar de pronunciar tu nombre.

Algunas cosas que desconozco

Porque sé que no existen las argucias entre palabras, no existen las mariposas muertas, no existen las comas ni los signos de intención amante, sé que las tildes no llevan la mayor fuerza de hoz ni el martillo sirve para nada, sé que las dudas son enteras y no existe un espacio vectorial para ellas, sé que no te has tomado la molestia de leerme después de medianoche, sé otras tantas costras, algunas demasiado alegres.

Entre tango

Entre tango, esquivo el adverbio, el verbo se precipita sobre el fiero cadáver, un sujeto invisible que yace bajo la lluvia, las ganas de volver son pasajeras, un amigo imaginario es quizás el único que olvida mi nombre, entre tango, espero el paso del siento, no toda sonrisa contiene un anochecer.

Alguna noche


Alguna noche sin tilde

alguna otra lejana y pura, 

alguien, quizás desde la herida

recordará ningún poema triste.

 

Alguien desde tu ojos, 

para siempre, desde el invierno, 

olvidará corolarios y dudas,

alguna noche lejana y sueño.

 

Alguien desnuda tu sonrisa, 

qué difícil soñar en voz lejana, 

amantes de la noche, cuántas.

 

Alguna otra abrirá este viernes,

un café después del ayuno, 

le dirá que no es un sueño.