Mes: marzo 2013

Caricias en papel de cobre

 

Siempre que descanse del ayuno

cada vez  frecuente destino

rozar en líneas rojas y suicidas

caricias en papel de cobre

como hasta ahora siempre fiel

como si nadie anticipara

de odios los amores el lamento

muestreo recursivo en logaritmos

uno a cero y carencias diversas

todas vestidas de azucenas

todas las demás rendidas al recuerdo

opaca luz cuando aluminio

deja su voz en la garganta alguien más

certero y moral el ayuno frecuente

rozar frente al espejo tu silueta

un cigarrillo cae de boca en rueda

darse cuanta apenas del bocado

de palabras agónicas a tu fuero

estar en situación de no decir

hacia las madres libres y raptoras

no es la falta de alimento ni consuelo

hacia tu vientre casi digno del ayuno

caricias en papel de cobre

todas vestidas de azucenas

de odios los amores el lamento.

 

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La mujer de tu sombra

Y cuándo voy a llevar tus odios en mis ojos,

cuándo dejarás de tener una forma extraña para mirarme,

cuándo la fiebre de la risa inundará tu silencio gemido,

quiero nombrar las cosas con inocencia de niño,

esperar que la mujer de tu sombra camine a mi lado,

que el te quiero de tus odios carezca de encanto.

Mientras fumas un cigarrillo

Esta mañana recordé la forma como muerdes tus labios mientras fumas un cigarrillo, y miras detalladamente lo que no te rodea, alejas la mirada y tratas de percibir lo que solo el humo ha visto, sin embargo me observas y sonríes. Después del sexo tienes la manía de alejarte y descansar sobre el sofá, así desnuda, prendes un cigarrillo y muerdes tus labios mientras vas dibujando formas oscuras en cada bocanada, el silencio es de reflejos y recuerdos previos al instante tú sobre el orgasmo, el verdor de tus ojos desvanece aquella oscuridad y tu mirada me invita a perderme otra vez.

Te repites

 

Te repites, pasas y volteas la página,

pero me gusta saber que ambos olvidamos,

que nos cuesta mirarnos al espejo,

y reconocer el labio odio en el cuaderno,

 

te repites, antes, primeriza e inconclusa,

bella extranjera, libertad bajo plegaria,

te repites, respiras a un lado, un final,

un algo que me nombra mucho antes,

 

quisiera no respirar en tu sombra,

aquel círculo sedicioso, infinito como siempre,

aquella que no eres cuando me olvidas,

 

casi intacta y desnuda bajo tu piel,

frente al ocaso, abismo tallado a mano,

cuando escriba lo que no entiendo en el papel.

Libre de poemas

Te imagino libre de poemas, cercana, angustia lejana, como aquel cuento bastardo que niega el abismo y cae de piel, al roce caricia intacta, te imagino desnuda y en tu frente, una llave décimo noveno mandamiento, dos veces el pecado, tres ecos de ajedrez, movimiento humano, casi fiel, desprovista del rencor de viernes, de este intento de nombrarte más tarde. Te imagino casi sierpe, nunca debajo de mi lengua, legión de aprendizaje, en cada una de tus pieles, cada luna de tu mirada, primer y tercer sonetos entre tu nunca y tu amar, así cuando me pierda.

Con una sonrisa en el papel

Al compás de lo que somos, me gustaría conocerte mañana, debajo de tu piel que reconocerá la distancia, encima de tus expectativas, racionales o adaptativas, qué más da, lo que quiero es conocer el rincón donde juntos salimos a escondernos, que te sea fácil regresar si he dejado de reconocer tus caricias. Me gustaría haberte conocido cuando eras muy niña, uno puede ser feliz, pero los años pesan y desdibujan algunas sonrisas. Me gustaría conocerte cuando decidas ser feliz, una niña que no tema salir a bailar bajo la lluvia, que ría en los velorios y se acueste con una sonrisa en el papel.