Fuego de parábolas

Para la bella señorita del olvido involuntario.

Te lío letra a letra en voz baja, una telaraña casi mágica que nos separa, casi un susurro desprovisto del enramado de tus manos, así, lío una a una tus palabras, leo tus ecos azules y dejo carencias en la comisura de tus odios. Apenas si leo el fragmento que duende sobre tus párpados, el café que oscura ruedas de colores y tus cuentos pequeñitos como felicidades olvidadas, y me vienen cadencias de jazz a la mejoría, a la memoria de un infeliz día cualquiera.

Aunque te desconozca cuando lea en tus párpados un poco menos que ciento cuarenta amaneceres, algunos detalles insaciables y el vino caer sobre tu fuente, al padecer tienes más de dos dados de frente y al menos un corazón rotura invento que aprendimos a leer. Aunque desconozca tu mirada sobre el amar, espero que leas esto como cualquier otro verano, te sacudas la arena que ha caído del reloj y sueñes con mi lengua en el vaivén del agua contra las rocas.

Algún día leerás un poema insano y una canción de cuna, y no sabrás quién es el luego que ha escrito en tus párpados ningún llanto anterior al desconsuelo, algún día dibujaré sobre tu miel un gemido, un solo de tormentas, hermosos instrumentos de nubes y de vientos, y tal vez en tu lengua, una palabra para olvidar aquí primero. Algún día todo esto que escondo en fuegos de parábolas tendrá sentido y sedimento, es el idioma que juntos inventamos para inventarnos nuevamente.

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