Una caricia

Sintió que la caricia le embargaba, que cada segundo intacto sobre su piel era la vida de alguien más, no la suya, no el siempre hombre libro y feliz que sonríe sin medir la brisa, sintió que ella le explicaba en silencio, sin mirarle, que para detener el tiempo era preciso olvidarse de uno mismo, eran necesarias una fragancia y nadie en el recuerdo, nada más que la respiración y el sonido desgarrador del contacto con su piel.

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