Mes: septiembre 2013

apago el nombre, la luz y el fuego

comprendo la voz equívoca de tu silencio,

alguna flor amarilla buscándose en el espejo

y mi falta de cordura para decir te amo

cuando no hace falta escribirte tanto

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Beso de metal

 

Hermana, el silencio crudo

rompe todas nuestras palabras 

y un beso de metal será 

quizás lo único que desee.

 

Tu voz me habita y náufrago 

de tu metal y de mis celos

me aparto de tu lado y acontece

tu sonrisa al saber que no es incesto.

 

Te amo hermana, sin saberlo,

el orgullo canta por las noches, 

y el azul destella abriles cuerdos

 

tampoco sé del calor de tus labios,

ni de tu manera de anclar recuerdos, 

pero beso tu andar, otra vez naufragio.

Perdernos

Conviene perdernos 

ya sea despacio o violentamente

con tu mirada en el abismo,

navegando en otro poema,

tal vez encontremos  

un sueño breve y aquel bastón

que todavía se pregunta qué juego 

luego le haces con los dedos

nunca amar, nunca más

y llevarnos el todo hasta el final.

Huyo

Siempre regresaré en forma de pretexto, no para escribirte tampoco para encontrar espinas deformes ni relojes invisibles, tal vez regrese para decirte, sin deleite, que alguno de los dos habrá de partir, no sabremos nunca de cuál espejo. Podríamos despertar y no volvernos, ocultarnos detrás de los deseos y no entender las ganas de vivir, no es importante, solo basta cerrar los ojos y no volver la vista atrás.

Sinceramente huyo.

Libeasler.

Otro fuego

Para la bella señorita del olvido involuntario.

 Sabes que he dejado de escribir, supongo que es así y no de esta otra marea, cuando navegamos sin mirar qué viento o invierno nos lleva, cuando la ausencia es una sombra ingenua de tus dedos. Decido que algunas palabras ya no deberían diseñar escombros y que algún encuentro carece de plegarias y signos breves. Me cuesta iniciar una conversación ausente de partituras y versos crueles, la sangre y el dolor tienen nombres propios y poseen historiales tan humanos como el hambre. Me cuesta tanto, más cuando me das la espalda para buscar, entre las repisas, alguna bebida o algún pretexto para no leerme, cuál es la probabilidad de que volvamos a encontrarnos si aquella lluvia deja un rastro invisible sobre la arena.

Ya no escribo ni juego con las palabras, no me atrevo a llamar tu intención sin esconder un verso en el absurdo de mirarte, sin comprender todo aquello que gira, gira, miente y vuelve a comenzar. No me atrevo a tomar un lápiz y dejarme llevar, a tomar una hoja de Babel y pretender encontrarme, cualquiera puede tomar un verso y mirarse al espejo, cualquiera puede soñar con el fuego, pero solo el poeta puede ser el fuego mismo y olvidarse. Ya no esquivo ni seré testigo de lo que rodea el sedimento, he dejado de buscar una palabra para olvidar aquí primero, recuerdos de parábolas* y fragmentos diversos, cuerdas para no suicidarse, he dejado un poema por terminar, hace mucho dejé de leerme.