ha regresado para sentarse

en un fast food cualquiera,

y mirarme desde el reflejo,

entre universitaria y el amor

con el viento tonto alrededor,

la noche alegre es otro nombre

y su mirada, que no entiendo,

sobre el vuelto y el renglón

en diez o doce minutos,

y a nadie importa si espero afuera

después del puente entre el cuento

y el veneno de los buses,

marco un número y vomito palabras,

y la observo a través del vidrio claro,

otros animales pasan y esconden sus miradas,

y no prendo el cigarrillo ni escribo,

se marcha sin mirarme,

y alguien a su lado conversa de nada,

me quedo y respiro el aire fresco

es tarde para pensar en otro beso de metal

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