La ranita

 

Duermes, mi complacida. Y veo

con qué perfección, equidistancia y malicia

se disponen en tu cuerpo tendido

tus yemas de gusto

concupiscente.

 

Ahora tus yemas están dormidas,

pero cuando están despiertas provocan muchas ocurrencias.

La que más provoca es tu ranita lúbrica

llamada clítoris.

 

(Entre las hojas de los trópicos

he visto ranitas coloradas, miniaturas

de carne húmeda

que se contraen o se adelgazan

y nadie las comprende

porque son temperamentales

como las muchachitas humanas.)

Tu ranita no late contigo, tiene vida propia

pero no puede deleitarse sola.

La desmesura de su deseo

haría estallar su minúsculo cuerpo. Necesita

extender su gozo

en un cuerpo grande como el tuyo,

y así sobrevive,

convidándote placer.

 

Antes de tu sueño

viene siempre un ángel plumado y casto

que peina tu piel y censura

a nuestra ranita.

Es que nadie la comprende.

Solo yo.

 

José Watanabe. Cosas del Cuerpo (1999).

Poesía Completa. Prólogo de Darío Jaramillo Agudelo.

Colección La Cruz del Sur. Editorial Pre-Textos (2008).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s