Ella camina a mi costado,

jamás me ha mirado por sobre el hombro,

si aligero el paso, se acerca más a mí,

si anochece, sigue siendo sombra,

una sombra extraña, feliz de no alejarse

ni de tener un tamaño, ni de buscar alguna luz,

apenas si susurra un nombre cuando escribo,

un nombre antiguo, un nombre nadie,

y es el mismo nombre que olvidamos al nacer,

será que camina a mi costado por un amor lejano,

quizás por un rencor cercano, libre y ausente,

no lo sé, y tampoco sé cuándo dejaré de caminar

y ella decida detenerse también.

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