Cuentos

Cualquier día

No creo en el destino ni en los acertijos, no creo que exista un mundo paralelo donde todos seamos felices. No creo en una vida escrita tiempo atrás. Me niego a pensar en los humanos como simples títeres del destino o peor aun de algún ser que lo haya escrito. Nuestros actos tienen consecuencias estimables y medibles.

Si te encuentro en medio de la calle más hermosa y más distante que la última vez y aún recuerdo tu nombre, no es culpa del destino ni del último poema. Nuestros dedos no son culpables si escibimos una historia de amor. Si olvidamos por qué dejamos de hablar y nos cuesta mirarnos al espejo, no es culpa de los cuentos.  No creo que el destino te haya traído de vuelta, encontrarte es tan probable como encontrar una habitación vacía en un hotel.

No creo en el destino ni en tus ojos cuando lees aquellos fragmentos.  No creo que a mitad de la noche te despiertes pensando en mí, no creo que exista un mundo paralelo donde nuestros errores sean simples anécdotas por contar. Tal vez decida dejar de escribirte y lo publique, tal vez cualquier día decida escribir algo.

Las palabras se suicidan

pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
Alejandra Pizarnik

Asistí al funeral de las palabras. Algunos dirán que se suicidaron por amor, otros, que no soportaron tanta soledad. Simplemente nefasto, un poema no pudo ser más triste, la gota sobre el gato en pleno invierno no pudo serlo más. No fueron pocos los que acompañamos este cruel espectáculo de la nada, sin embargo la soledad reinó como nunca con su corona de espinas y su cetro escarlata. Reinó como siempre, tanto que las palabras se miraban entre sí, solo para saber cuál todavía respiraba, y cuál de todas no soportaría tanta soledad compartida.

¿Qué será del alma de aquellas palabras? Podrán ser pronunciadas en poema alguno, me pregunto también, qué palabras forman parte de su obituario, está prohibido que las palabras formen parte de su mismo obituario, aunque fuere una canción de amor o un soneto triste. Sabe la soledad que fue el autor intelectual de estas muertes, sabe acaso que causó más rabia y destrucción que nunca. De seguro si es tan antigua como el hambre. Soledad. Acaso alguna vez no fue pronunciada por la boca de algún poeta, de seguro. Si tan sólo pudiera recordar, pues qué es la soledad sin palabras que le justifiquen, herida a más no poder, a piedra y llanto, le quedan libros y partituras. Al fin y al cabo, es nuestra, dirán las demás palabras.

Asistí al funeral, no recuerdo haberlas pronunciado alguna vez, pero de seguro que las escribí o recordé. Nunca fueron mías. Sin embargo asistí, no por obligación moral ni por compasión, sino por un sentimiento más  humano todavía, amor.

Lejana

Sabiendo que las esperanzas valen muy poco en este tiempo de lejanas cicatrices, sabiendo también, que el tiempo inventa arrugas como quien deja un mensaje de texto, los mensajes cada vez más groseramente escritos, tememos la ausencia no por ella misma sino porque implica un tiempo a solas con nosotros.  La soledad nos enseña cuán perversa puede ser, cuánto energía gasta en dolernos, cuánto invierte en nosotros.

Te siento tan lejana como aquél poema que se recita solo, no necesita ya de oyentes ni de naufragios. No sé muy bien que elementos conforman tu ausencia, tal vez un café negro a la mañana,  un verso herido que se niega a morir, uno de esos tangos que no se detienen para desangrar la herida. Tal vez seas muchas, demasiadas, es por ello que tu ausencia sea tan importante.

No sé qué esperar, un llamado antes de anclar este verso o tal vez un mensaje de texto de la nada.  No sé si aún me lees, no sabría dedicarte un poema, nunca lo hice, tampoco puedo decirte si eres la musa que habita en cada una de mis letras. Te regalo mis poemas, te regalo mis versos si quieres, puedes leerlos, hacerlos tuyos, pero no esperes una dedicatoria, no esperes aquellas líneas sin valor literario que estropean los poemas, que los hacen mundanos y serviles, no esperes siquiera una nota a pie de página.

Un cuento menos

Le pedí que me diga la verdad, qué pasa si olvido tu nombre, qué es lo que pronuncias cuando no es su nombre,  dímelo ahora que las batallas están perdidas y las guerras caducas,  qué pasa con las voces después del orgasmo, qué pasa con las preguntas que invaden la lengua y la colonizan sin responder a nada ni nadie.  Todo es tan calmo que parece como si la nada nos besara la mejilla, dime por qué dejamos de hablar, por qué no dudaste cuando cayeron tus lágrimas. Tengo otras preguntas y tengo muchas respuestas, algunas acerca de tus dedos y otras tantas, sé que son las menos, acerca de nosotros.
 Algunas respuestas deberían ir sobre tus labios y no sobre mis dedos,  dímelo ahora mientras dure la canción, por qué dejamos que de atrapar nostalgias. Le pedí una última sonrisa, no sé que hacer con los rayos de la luna, no sé donde estás, no sé lo que es la felicidad, pero me las arreglo para ser feliz. Dónde vamos a caer. Suelo caer, suelo caer de todas las formas posibles, de todos los ecos probables, de todas las mañanas que sostuvimos para que no cayeran con nosotros.
Es amor. Es la respuesta a la pregunta que te harás mañana.

La chica que era perseguida por el  frío

De un momento a otro sintió que algo le recorría el cuerpo, algo así como un susurro o alguna caricia de su novio, intentó hacerse a un lado y evitar tales roces, a pesar de ser, en cierto modo, placenteros, sin embargo no pudo alejarlos por completo de su cuerpo. Cambió de postura, al poco tiempo, también de ubicación, se levantó del asiento para evitar el viento silencioso que entraba  por aquella ventana, todo esto fue inútil, ahora la ternura del aire congelado le alborotaba ligeramente los cabellos. Al fin comprendió que todo intento era vano pues de alguna u otra forma se había convertido en la  chica que era perseguida por el frío.

Ni cuento te das

Te escribo y ni cuento te das.

De recuerdo

Se miraron una vez más, ambos tenían ganas de pronunciar sus nombres, intentaron una caricia, pero no lograron ponerse de recuerdo.

Naufragar

Anudarse el cuello de la corbeta para no naufragar.

Nos ama

Captura nuestra mirada, una captura voluntaria, feliz y distante por cierto. Nos mira alegremente sin saber por qué. La luna siempre nos ama la atención.

Novio o Navío

Ella suele confundir la palabra novio con navío. Naufragó muchas veces.

Más que nado

Te amo más que nado en el mundo.
Un náufrago.

4 comments

  1. “no esperes aquellas líneas sin valor literario que estropean los poemas, que los hacen mundanos y serviles, no esperes siquiera una nota a pie de página.” –

    magnífico!

  2. conciso y profundo a la vez.

    “Tengo otras preguntas y tengo muchas respuestas, algunas acerca de tus dedos y otras tantas, sé que son las menos, acerca de nosotros.”

    gracias por compartir!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s