Adiós

Se me da

Se me da por hilvanar ideas que olvidaré

el poema tiene la capacidad de reproducirse en silencio

podría morir cientos de veces, quizás miles, mas no una sola.

Se me da por escribir y sé que moriré antes de entender

ausente de nadie y a la intemperie,

en pleno invierno de palabras o de cicatrices tortugas.

Se me da por escribir hasta muy tarde

aunque no sepa cómo escribir correctamente

confundo los verbos con los superhombres.

Se me da por el silencio, cada vez menos,

cada voz mar, viento cuerda de humedad,

tan parco y muerte como el andar.

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Entre tu gesto y la palabra

me sobran atardeceres

las canciones se llevan

lo mejor

el bastardo escribe

hasta cerrar el cuento

 

me sobran las despedidas

las persianas observan

desde la oscuridad del sol

 

la complicidad necesaria

entre tu gesto y la palabra

aquel libro olvidó también

la canción de lluvia

descansa en el silencio

 

me sobran los antípodas

y no entiendo el cerrar

inocente de tus ojos

Hasta luego

Escribir: “ella se fue de mi vida en un abril y cerrar de otoños” y no saber qué pasó realmente, se fue un día y no sé muy bien qué parte del poema se llevó para siempre, sin embargo, sospecho que aún se le puede leer en el anverso. Tal vez sea necesario definir quién es ella, el lector tal vez pueda hacerse una idea al respecto: una chica de 18 a 23 años, delgada y dueña de unos ojos insensiblemente hermosos, el lector puede hacerse la idea, tal vez equivocada. Ella dejó una página al pie de otras notas (algoritmos para ser felices, cuentos para nadie). Algún lector querrá una transcripción exacta de las frases de aquella página:

Cuando leas esto, solo espero que las faltas ontológicas no sean las mismas que habitaron en mi lengua desde que nos conocimos, y quiero además, que leas esto como un hasta luego, quizás el último. Ambos escribimos algo sobre este día, creyendo que era la única forma de afrontarlo, inventándolo de un modo indiferente a nuestras pasiones, emociones o gotas de ruido que no somos. Me alegra saber que esto será quizás un poema menos, algún día lo leeré sin darme cuenta, esa manía que tienen los insensatos de ocultar una palabra en otra y decirla con los ojos cerrados.

Hasta luego, es un te quiero.

Escribir: “ella vive en el país del nunca amas” y no saber quién ha muerto, alguien lo sabrá algún día. Las palabras se ocultan, no es bueno que anden a lo loco molestando al invierno, hace falta mucho de los dos para saber qué fuimos, cuándo, tal vez un cono convexo al sentimiento, polar al desconsuelo, libre por suerte. No sé cuántas personas existan con el mismo nombre, cuántas insisten en morir al costado de una verdad, no sé qué parte del poema se llevó para siempre. Escribir, finalmente: “te olvido, entre tanto, de repente y hasta luego” y no saber realmente cuándo.

Hice que el silencio te dijera la verdad

 
Hice que el silencio te dijera la verdad,
hice que las cosas que olvidamos
fueran necesarias para no decir adiós mañana,
hice que el recuerdo tejiera grandes nostalgias
sobre cosas inútiles, hice que las rosas te dijeran la verdad.
 
Mañana habrá un amanecer y tal vez otra despedida,
un adiós mañana también, un cuento para indecentes versos,
mañana vendrá la noche y seremos cuentos versos para nadie,
mañana habrá una noche tan oscura como tus venas,
llenas de signos de intención olvido y mañana serás otra vez.
 
Hice que las rosas tejieran una verdad asintótica al desdén,
hice que las voces crueles mueran menos todavía,
mañana habrá un amanecer y tus ojos no lo saben,
mañana habrá un atardecer y quizás invente un nuevo adiós
para decirte tal vez mañana cuánto te olvido todavía.
 

Cuando el adiós no huye

Cuando el adiós no huye

y se deja amar,

cuando las paredes han roto

el espacio y el tiempo

se queda en el quizás.

Cuando he partido

y no es el lugar

ni la forma de decirlo,

cuando tenga una respuesta

y sepa cómo utilizarla.

Cuando el adiós no dice mucho,

cuando las palabras van

y los dominios vienes,

no esa la ruta ni aquella ese

la que niega el adverbio implícito.

Cuando el adiós no huye

y se deja amar,

cuando tenga una respuesta

y sepa a quién preguntar,

cuando sea uno menos.

Informe post mortem

 

Compartimos frío,

duros extremos en la cama,

quién devora hoy anhelos,

quién despierta sin acertijos.

 

A quién le rezas por las noches,

entonces huye con miles

con fieles, favores crueles,

fantasmas que agonizan

por tu desvelo, así mismo

arrepentidos flacos que hoy

perciben y perecen de angustias.

 

Recuerdo lunas y abriles,

la frialdad compartida

que aún conservo,

la escritura peligrosa del verso

fascículo, del verso veneno.

 

Corazones en el café

puestos a esperar, carne  fiel,

canos dolos, solo espero

tu adiós en una celda,

son fonemas homicidas del olvido.

 

Formas en tu sonrisa que desdeñan

magníficas fuentes,

peligrosos viernes,

me devuelven  aliento y canos dolos,

lo sabes entre tus avenidas,

en tu informe post mortem.