Costuras del pecado

Cuando el sosiego de la carne

 

Cuando el sosiego de la carne

el dedo sobre el vientre

otra escalinata debajo de la gloria

 

una flor en el sendero

cuando el sosiego de la carne se detiene

 

y una niña, un árbol, y otro niño

caen deprisa en la humedad

 

cuando el trueno alista todo

y debajo del hambre, alguien, 

otro ser no vano dirime de la brisa

 

como el disfraz no tiene cuento

ni manera de ser vegetal

 

cuando el sosiego de la carne

sangra pequeñas despedidas

 

y les cuesta a todos comenzar 

aquella humedad quebrará el encanto.

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La bárbara y enorme pedrada

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.
 César Vallejo.

Afuera, alguien conserva la distancia,

solo uno y tú afuera, el invierno tiene otro nombre,

menos visceral, un triste por ciento más hermoso,

la boca de tu boca tiene un cuerpo vigoroso,

tus labios, otros labios, aun más lejanos que tu lengua.

 

Afuera, un abismo es apenas una rendija hacia el presente,

de caer, no soltemos las palabras, juntos, legado de silencios,

y la serpiente tan indiferente como nosotros mimos,

uno muere de ternura en tus manos sin soltar el abecedario,

y sonríes, sabemos que la distancia nos relega de antemano.

 

Afuera, alguien, quizás uno de los dos, dibuje cada tanto

un signo de interrogación, el viento se desnuda ante nosotros,

el abismo nos espera, caer en voz baja, juntos y despacio,

no soltemos las palabras, juntos legado de silencios,

pero somos felices, mañana el invierno tendrá otro nombre.

Carta N° Viernes

Querida S.L.

Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos. La luna recibe tantos suspiros; y acongoja en su escondite los poemas tiernos que olvidaron todos aquellos que lamen su fulgor con la mirada. Aquí, te decía, los días van y el frío viene, no me molesta, lo sabes, hace un ruido tan insignificante que basta con no salir desnudo para no escucharle, aunque a muchos otros le sangren los oídos. Es como si un viento vegetal, azul y rojo, me devolviera las palabras que entregué. Ahora utilizo un verde “te quiero y no sé cómo” para escribirte. Sé que sobre tu escritorio ya no descansan los poemas que escribí en un arranque de cordura, acerca de tus manos y  la ternura de tus mentiras, tan cerca de tus párpados como era posible.

Sospecho que aquellos poemas duermen en algún otro rincón y sueñan poco y mal. Pobres, no aprendieron a despertar de los sueños malos. Jamás les enseñamos. Es tan fácil, tú lo sabes, sólo basta respirar profundo y pensar en una de esas cosas que te hacen reír, una caricatura, si así lo quieres. Luego, conviene olvidarla, y mover los dedos al compás de alguna Polonaise de Chopin. Por último, cerrar los ojos, a veces uno sueña con los ojos abiertos y desiertos, después es probable que despiertes sin recordar lo soñado. Es muy efectivo, sobre todo si se practica a diario, jugando a cerrar cicatrices y matrices cuadradas.

Aquí, te decía, ya no se me da por escribir. He dejado una larga escalinata de poemas y tal vez dejé de recordar, al menos por hoy. Aquí, los días van y tu recuerdo viernes es tan fuerte que deja manchas jueves y martes por doquier, tan difíciles de olvidar como aquellas voces de jazz que invaginaron en tu cuerpo. No sé cuántas caricias por centímetro cuadrado me brindaste ni se cuántas gotas de tinta derramé sobre el reflejo de tus ojos. A veces, olvido lo mucho que nos leíamos, de perfil, de frente, de espaldas, buscando un ángulo imperfecto en la oscuridad y olvidando al instante las palabras.

Aquí, los días van y vienen algunos recuerdos, dos o tres. Ahora te escribo con un verde indeciso, es bueno, pero no aprendió a conjugar algunos verbos y los cuentos le salen al revés. Sufre y se queja demasiado y tal vez dejó de ser “te quiero”. Dejaste de leer los diarios y los truenos, y apenas si recuerdas aquellos poemas publicados hace mucho tiempo, mucho antes de conocerte. Aquí los días van y vienen algunos recuerdos. Aquí, justo alrededor las costuras del pecado, los días van y tú no vienes.

 Libeasler.

Fragmento de los sueños

Iluso fragmento el de los sueños,
iluso por los bordes sonoros del silencio,
y por dibujar sobre tus ojos
cantos de metal y llanto,
y aquellas lágrimas que escribo.

Pues lo sabes y no lo sueñas,
y lo consideras durante el orgasmo,
escribirte nunca para que me leas siempre,
dejar un poema bajo la sombra de un acanto,
sombra sin sol ni detalles personales.

Iluso efecto, intruso, aquel sentimiento
raro y bueno, amarte como nunca y siempre,
frases de lluvia y truenos elegantes,
para recitarlos solo cuando aprendas
a morir sin miedo y después de un luego.

http://libeasler.blogspot.com/2011/07/fragmento-de-los-suenos.html

La vena suicida del fracaso

Nunca me dignes un tierno landó en la vena suicida del fracaso, 
no escuches mis palabras cuando las divinas estelas 
desdigan un cuánto más tierno que las doce estaciones del pecado.
Indigna este verso con los ojos, miraré con ansias andinas 
el versículo primerizo y malevo, desdigo también las fuentes de la luz
y sueño con tocar tus libres rezagos en la equidistante soledad.
 

Prosas que desnudan al reloj

Ella pasa e inventa algún universo sin comas ni argumentos radianes. Ella sueña con deshacer las costuras del pecado e hilvanar con su mirada algún otro desencuentro, sueña despacio, casi en silencio. Acaricia el libro con sus ojos, y desentraña las últimas palabras, parece poco. Acontece de día y de soledad, calma el vaso con una pequeña oquedad, y escoge, una a una, las palabras que se niegan a nacer. Ella pasa e inventa algún universo ante mis ojos y destruye aquellas prosas que desnudan al reloj.