Escrito sin cuerdas

Te escribo para volver a amarte

 

He escrito palabras desde tu boca,
las he tocado con tus manos,
he puesto una corbata de papel
en tus labios y ha dejado
de ser tu boca.

Te he dicho los silencios más puros
y he callado algunos orgasmos,
cuando ese yo no vuelva a verte,
cuando me seas la misma diosa del fin de los finales
y te escriba a ratos, desde cualquier desidia.

Pues me has hecho bien cuando reías,
cuando mi llama dejó de brillar solitaria
y fueron tuyas las cenizas,
te he descrito sin aquellos ecos rudos,
sin almohadas al costado de tu llaga.

Pues hoy te encuentro de colores,
de formas que no se olvidan,
con las flores en el pelo y tu vuelo
fuerte hacia mi vado, todo frágil,
todo es tuyo para hacerlo bueno.

Te escribo y casi nadie lee ni se detiene,
casi tanto y tanto que doncellas de otros tiempos
van y vienen, sin memoria y sin sentido,
haciendo yo las veces de profeta,
queriéndote sin saberlo, al costado de tu llaga.

Pues recuerdo acertijos y nostalgias,
registro tus pasos y huyes dando cuentas
y temibles paralelos,
eres el viento a mi favor y la tormenta que me sangra,
pues recuerdo hace tanto y casi nunca tus caricias.

Te he escrito siendo bueno, apenas un infante,
dorando tus dedos con mis venas y yendo
de tus piernas a la luna, con sabores perros
y la frágil escritura de tus senos,
ese porcentaje de palabras que callo para nadie.

Te escribo porque te veo en todas partes
y callo enteras frases, pues eres una y ninguna,
cómo hablarle a un fantasma que desconoce mi semen.
Te escribo para volver amarte, para que vuelvas a ser
una línea sin palabras y las invente una a una.

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Poema 1981

El vino humedece
la contracción
y el verbo sufre
al caminar erguido

la espera se equivoca
al dejar de pensar

el vino sueña
con una mejor aurora

un dónde es un vaso
y un libro es apenas
la eventual indecisión

abro las páginas y observo
siguen intactas
de tales fragancias
huyen también

el vino espera
el compás y sucede.

Te negué dos versos

 

Me niego a buscarte,
a rendirte cuentas y crear
un universo de cuerdas aparte
y al hacerlo me niego.

Me niego a sentir tu nombre,
a comparar las rosas
con algún otro equinoccio,
me niego a pensar en do.

He tomado una hoja
de babel y he escrito una sombra,
y en un centímetro dejé una carta.

He devuelto mis dedos
a la oscuridad y he dejado de pensar
y al hacerlo te negué dos versos.