Olvido

Otro fuego

Para la bella señorita del olvido involuntario.

 Sabes que he dejado de escribir, supongo que es así y no de esta otra marea, cuando navegamos sin mirar qué viento o invierno nos lleva, cuando la ausencia es una sombra ingenua de tus dedos. Decido que algunas palabras ya no deberían diseñar escombros y que algún encuentro carece de plegarias y signos breves. Me cuesta iniciar una conversación ausente de partituras y versos crueles, la sangre y el dolor tienen nombres propios y poseen historiales tan humanos como el hambre. Me cuesta tanto, más cuando me das la espalda para buscar, entre las repisas, alguna bebida o algún pretexto para no leerme, cuál es la probabilidad de que volvamos a encontrarnos si aquella lluvia deja un rastro invisible sobre la arena.

Ya no escribo ni juego con las palabras, no me atrevo a llamar tu intención sin esconder un verso en el absurdo de mirarte, sin comprender todo aquello que gira, gira, miente y vuelve a comenzar. No me atrevo a tomar un lápiz y dejarme llevar, a tomar una hoja de Babel y pretender encontrarme, cualquiera puede tomar un verso y mirarse al espejo, cualquiera puede soñar con el fuego, pero solo el poeta puede ser el fuego mismo y olvidarse. Ya no esquivo ni seré testigo de lo que rodea el sedimento, he dejado de buscar una palabra para olvidar aquí primero, recuerdos de parábolas* y fragmentos diversos, cuerdas para no suicidarse, he dejado un poema por terminar, hace mucho dejé de leerme.
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Voy a leerte

Para la bella señorita del olvido involuntario.

 

Voy a leerte en un trapecio desigual

cuando lates duda y mientras recuerdos

aquí te espero con licencia angustia

voy a leerte sincero aunque el verbo mustia

pedacitos de nieve incluyendo tu sonrisa

y lava cada tanto una gota lágrima de lluvia

voy a leerte despacito siempre alegre.

Fuego de parábolas

Para la bella señorita del olvido involuntario.

Te lío letra a letra en voz baja, una telaraña casi mágica que nos separa, casi un susurro desprovisto del enramado de tus manos, así, lío una a una tus palabras, leo tus ecos azules y dejo carencias en la comisura de tus odios. Apenas si leo el fragmento que duende sobre tus párpados, el café que oscura ruedas de colores y tus cuentos pequeñitos como felicidades olvidadas, y me vienen cadencias de jazz a la mejoría, a la memoria de un infeliz día cualquiera.

Aunque te desconozca cuando lea en tus párpados un poco menos que ciento cuarenta amaneceres, algunos detalles insaciables y el vino caer sobre tu fuente, al padecer tienes más de dos dados de frente y al menos un corazón rotura invento que aprendimos a leer. Aunque desconozca tu mirada sobre el amar, espero que leas esto como cualquier otro verano, te sacudas la arena que ha caído del reloj y sueñes con mi lengua en el vaivén del agua contra las rocas.

Algún día leerás un poema insano y una canción de cuna, y no sabrás quién es el luego que ha escrito en tus párpados ningún llanto anterior al desconsuelo, algún día dibujaré sobre tu miel un gemido, un solo de tormentas, hermosos instrumentos de nubes y de vientos, y tal vez en tu lengua, una palabra para olvidar aquí primero. Algún día todo esto que escondo en fuegos de parábolas tendrá sentido y sedimento, es el idioma que juntos inventamos para inventarnos nuevamente.

Un acertijo

Verás, un acertijo se compone de palabras y mariposas alegres,

de tu voz sobre la esquina, la rosa es una rosa moribunda casi siempre,

de nosotros dos acechando despacio, la única rebelión es la de los mártires,

la esquiva antesala del lector de sonrisas plásticas, otro de nosotros,

verás, un acertijo se compone, en silencio, con la ayuda de tus ojos.