Poema insano

Brota de tu boca

Si en mitad de la noche, entre el gusano y el orgasmo, brota de tu boca un nombre, otra sombra para llamarme, deja que el gemido inconcluso lo apague.

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Pequeño niño

 

Pequeño niño, iguanita de las dos mitades,

licorcito sereno y frágil,

también he de partir algún día,

sin embargo, con la miel de tus labios

y con el desdén de tu brazo celebro tu partida,

sabes que tu caricia es un pacto con el destino

y si tengo alas es porque he caído tantas veces.

 

Pequeño niño, iguanita de las dos mitades,

te quiero lejos de este atardecer,

mejor conserva la distancia

mejor libérame con tu risa,

llanto libre landó suicida

si quieres te acompaño,

caminaré a tu lado hasta hacer pasajero este color

si quieres, puedo prender una velita más,

una abuelita menos, te molestan sus arrugas,

sé que la oscuridad todavía no es tu amiga,

a veces discuten hasta muy tarde.

 

Sabes, cuando tenía tu edad,

no recuerdo quién era,

pero desde entonces te quería,

pequeño niño, iguanita perdida,

qué le tengo que pedir a los días invierno

qué tengo que olvidar para dejarte partir,

una frase más perversa que la muerte,

pequeño niño, quiero caer contigo,

juguemos a escondernos de los demás,

me cuesta no tener el miedo debajo tu cama,

también te extraña de vez en cuando,

no quiero que llores por él,

él sabrá cubrirse de polvo y de sincera oscuridad,

y ya ves sonríe cuando observa tus manos frías.

 

Pequeño niño, iguanita de las dos  mitades,

te quise cuando el dolor puente alcanzó tu piel,

y te quiero siempre que amenaces con no reír,

siempre que anochezca debajo y casi en vela,

y todos los demás llevarán un atuendo para el ocaso.

Verde tus ojos

He visto tus ojos, increíble caricia,

he visto el color de tus párpados,

y el recoveco indecente que guardo

ha quedado iluminado sin desdén,

los cardos y el fuego azul cesan

al tacto cantor vocecita alegre.

 

Pequeña y linda costumbre

el mirar debajo de tu sombra,

el pedir una y otra vez

cadencia en cada sexo movimiento,

ha quedado tu silueta suspendida

y el tacto lejos de los dos.

 

Pequeña no dejes que el azul

ni el celeste insano ordenen tu caída,

no quiero dejar de verde tus ojos

si algún día me recuerdas, pequeña,

olvídame para siempre hasta mañana

porque he visto el color lento en tu mirada.

Caricias en papel de cobre

 

Siempre que descanse del ayuno

cada vez  frecuente destino

rozar en líneas rojas y suicidas

caricias en papel de cobre

como hasta ahora siempre fiel

como si nadie anticipara

de odios los amores el lamento

muestreo recursivo en logaritmos

uno a cero y carencias diversas

todas vestidas de azucenas

todas las demás rendidas al recuerdo

opaca luz cuando aluminio

deja su voz en la garganta alguien más

certero y moral el ayuno frecuente

rozar frente al espejo tu silueta

un cigarrillo cae de boca en rueda

darse cuanta apenas del bocado

de palabras agónicas a tu fuero

estar en situación de no decir

hacia las madres libres y raptoras

no es la falta de alimento ni consuelo

hacia tu vientre casi digno del ayuno

caricias en papel de cobre

todas vestidas de azucenas

de odios los amores el lamento.

 

De pies y vanos reflejos

He conversado con una niña,

de pies y vanos reflejos,

le gusta el color del algodón

sobre los rostros, sobre la fiebre,

sobre la fiera que no somos.

 

He conversado con una niña,

de pies y manos muy reflejos,

de colores tiernos sobre el látex,

la partitura del digamos cuándo

tal vez la próxima ser alma,

 

seamos juntos otro mar lejano,

otro o ninguno cuando menos,

he conservado tu mirada deseo,

he conversado con tu niña infierno,

la voz intacta y el ocaso siempre,

 

de tu siempre por ahora quizás,

la partitura del digamos cuándo,

de colores tiernos sobre el látex,

muestra una sonrisa tal vientre

he conservado tu silueta no siempre.