Poemas

No son ganas de morir

No son ganas de morir, son poemas que no encontraron musa alguna.

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Cuando el adiós no huye

Cuando el adiós no huye

y se deja amar,

cuando las paredes han roto

el espacio y el tiempo.

El quizás es breve y ausente.

Y no es la forma de decirlo.

Cuando tenga una respuesta

y sepa algo más que tu silueta.

Cuando el adiós no dice demasiado,

cuando las palabras van

y los dominios vienes,

no esa la ruta aquella

ni aquel el implícito adverbio.

Cuando el adiós no huye

y se deja amar,

cuando tenga una respuesta,

cuando sea uno menos.

Ejerzo tu derecho a olvidarme

 

Ejerzo tu derecho a olvidarme,
ejerzo de perfil,
en doce meses terrestres,
ejerzo también las vocales
que no me pertenecen y aquellos adverbios
tristes de no lamer tus verbos.

Ejerzo tu derecho a negarme,
con las manos, eco sagrado,
en faltas ortográficas y ontológicas
tampoco, ejerzo el verbo fácil,
el dios de los segundos
con cello en mano y la avenida a cuestas.

Ejerzo miles de segundos,
antaño crueles, antes asesinos de minutos,
ejerzo tus manos y el decoro
de los años, ejerzo en un rincón
mi fe atea y aún convexa, todas
las mañanas contigo, con nadie.

Ejerzo mi derecho a escribir,
ejerzo tu derecho a llamarte por mi nombre,
a mentir en este verso
y dejarte nunca cuando te hayas ido,
y dejarte nunca cuando te hayas ido.

 

 

¿En qué se padece el amor al dolor?

El amor suscribe un pacto de no agresión con nosotros

aunque

será roto alguna vez,

El dolor existe

y le importa poco su esencia o su lugar de origen,

incluso su nombre le es irrelevante.

El amor no te lee ni te destruye sólo te susurra,

a veces sólo

y sin compañía y sin dedos caricias.

El dolor construye castillos de arena sobre tu espalda

y sonríe cuando tu dolor se convierte en palabra.

¿En qué se padece el amor al dolor?

El amor también escribe poemas y cientos de cicatrices.